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20.10.19 Gimnasia-Union: 'Yo vì a Maradona!!!'

di Roberto Colombo

Los advierto. Este artículo, será diferente de todos los que he escrito hasta ahora para #EstoEsFutbol. Además, estas líneas serán completamente diferentes incluso de aquellas escritas para Tuttosport en más de 22 años de servicio honorable en Italia, Europa y el mundo. Y sí, no lo negamos, esta nota corre el riesgo de ser un poco autorreferencial y pronto comprenderán el motivo. Porque hoy, domingo 20 de octubre de 2019, en el día de misa, hablé con D10S. En concreto: HO VISTO MARADONA.




Como periodista que trabaja en el fútbol extranjero, tuve la suerte de conocer muchos de los mitos del fútbol del pasado, incluso algunos de los que todavía están "en carrera". Desde Johan Cruijff hasta Arthur Antunes Coimbra, conocido como Zico, desde Lionel Messi hasta Kylian Mbappé, James Rodríguez y Cristiano Ronaldo. Gente que sí, me hizo piel de gallina; fenómenos, no hay dudas sobre esto. Cracks del fútbol. Pero todo muy "humanos": conocerlos, entrevistarlos, hablar con ellos me entusiasmó, esto es innegable. Lo que Maradona me regaló ayer con una mirada fue, sin embargo, completamente diferente: él es el D10S del fútbol, imposible de comparar con cualquier mortal.




Llegamos a El Bosque, la casa de Gimnasia y Esgrima La Plata, el equipo de Diego. Retiramos las credenciales, nos ponen una pulserita azul (el color del Lobo) en nuestra muñeca derecha y, mientras preguntamos para descubrir dónde está nuestro lugar en la tribuna de prensa, vemos un pequeño gorrito de Venezuela que enmarca la cara sonriente del Diego que emerge de una ventana del vestuario. Maradona nos mira y toma da una lata de una famosa bebida energética. Nos acercamos lo más posible: llegamos a menos de un metro de él, pero entre nosotros y El D10S hay una pared que nos separa, controlada visualmente por los asistentes de Gimnasia, seguridad personal y policías. Nos encontramos con su mirada y desde el corazón brota, imparable y sincero, “¡Ti voglio bene, Diego!", en italiano, para que pueda darse cuenta de que hay quien viene del otro continente para él, solamente para él. Nos da una sonrisa que calienta el corazón y es buena para el alma y nos responde, nuevamente en italiano: "Grazie".


Las piernas tiemblan, el corazón estalla, la sudoración es incontrolable. Todos los recuerdos de mi infancia me vienen a la mente: a los 11 años, en México, en la zona mixta después de la victoria en la final contra Alemania, Maradona le dio a mi padre un banderín AFA, autografiándolo ante sus ojos y agregando la apostilla <Esto es para tu hijo>. Y luego la historia de mi viejo, entre los invitados a la boda de Diez con Claudia: <Los mejores chinchulines que he comido, los probé en su casa, dos noches antes de la boda>.

Hoy el mito de mi infancia, el que, junto con mi padre es responsable de mi pasión por el fútbol y mi elección de ser un periodista del mundo de la pelota, está aquí a medio metro de mí. Está de buen humor, bromeando con otros colegas presentes: <Estoy haciendo un reportaje para televisión chiquita>, refiriéndose al hecho de que la ventana realmente se parece a la pantalla de esos pequeños televisores de los 80… Luego se vuelve hacia uno de sus compañeros de trabajo en el vestuario y agrega entre risas: <Me siento un poco estúpido por dar entrevistas desde una ventana>. Enmarcado de esta manera, el rostro de Diego es un ícono sagrado para todos aquellos que son seguidores de la religión fùtbolera. Diego, sin embargo, tan repentinamente como apareció, desaparece. Lo volvemos a ver a la entrada del césped del estadio Tripero, entre la ovación de su gente. Pasamos los últimos 20 minutos del partido ya en la zona mixta, frente a la salida del vestuario, para conquistar un lugar privilegiado y táctico con la esperanza de conocerlo, abrazarlo y decirle gracias.


La espera es larga: El Lobo ha perdido 1-0 con Uniòn de Santa Fe, la situación en la tabla del descenso es nuevamente muy complicada. Es un golpe que arruinaría el estado de ánimo de cualquiera y el D10S no es una excepción. Charlamos con su pareja, Rocio Oliva: <Sí, Diegote sabe que estás aquí. Le han informado que hay un italiano que ha viajado a La Plata solamente para saludarlo y abrazarlo, pero mira: Gimnasia ha perdido y, por lo tanto, es probable que esté enojado. Es posible que ni siquiera me hable durante horas cuando lleguemos a casa… Vive mal las derrotas, siempre>.

Nunca la profecía fue más acertada: Diego se desliza dentro de la camioneta con vidrio oscuro sin mirar a nadie en la cara y desaparece, una vez más, eludiendo a todos los periodistas y los fanáticos que lo estaban esperando. Los eludió en la misma manera de la defensa de Inglaterra en México cuando hizo el gol más hermoso de la historia. Nos sentamos, encendemos un cigarrillo: aunque no hayamos podido abrazarlo, el día quedará grabado en la mente de quienes escriben para siempre. Subimos al auto, no sin antes haberle preguntado a un utilero de Lobo: <Disculpe, ¿podes pasarme esa lata de bebida energética vacía?> Volvemos a Buenos Aires: en nuestras manos sacudimos la lata de D10S, recuerdo del día en que ... HO VISTO MARADONA. La sostenemos, la acariciamos, tal como nos hubiera gustado haber hecho con él. Te amo, Diego. Te amamos, D10S.


R.Col.

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