6.10.19 Vivir y morir en Florencio Varela: DyJ-Boca 0-1

Yo y mi amigo Robertito. Una excursión de visitante, pero en casa. Salida desde Retiro, con un uberista que medía 1,30 y además impregnado con una altivez insoportable. Inmediatamente nos hace fumar dentro del carro: se merece respeto el chabon. Es hincha de Tigre, él. Robi le dice Boca, nosotros. Curioso, el Argentano le había preguntado sobre cuál era su pasión en el futbol. El Inter acaba de empatar contra a la Juventus, nos vamos. Parecía preparado para el “Infierno” de la Provincia, él. El viaje comienza tranquilo, el panorama cambia gradualmente después de Avellaneda, en la ruta. Disminuye en una medida increíble, hasta el punto de catapultarnos a una realidad que nos induce a saquear el lugar común entre los más atrasados. “Cristo se paró en Florencio Varela" fue el más popular y abusado. Pero Dios y solo Dios sabe lo cierto que era. Un abundante paseo de media hora en los límites de lo improbable de la "villa", entre caballos desnutridos, coches carbonizados o desmoronados por el óxido. Caballos. Caballos con carros. Mal. Pero mal. "No es Barrio, mano". No. Parece que no.




Y decir que me aviso, el viernes cuando él fue a ver el partido de La Reserva. Alrededor de aglomeraciones suburbanas sin esperanza, niños semi inmersos en charcos transformadas en piletas, perros desnutridos tipo Chernobyl y cientos de bolsas de basura abiertas en los bordes de las calles. Y en los bordes hay partidos de fútbol 40 contra 30. ¿Cómo es posible vivir así? De hecho, no es vida, es supervivencia. Mira para allá. No. Mejor continúo mirando la calle. Solo un carril está pavimentado, todo alrededor de una red de entradas destinadas exclusivamente a los villeros donde era imposible incluso mirar, está prohibido. En carteles publicitarios improbables, precios de carne que en la ciudad ni siquiera te podes compras media empanada. Solo están abiertas tiendas de neumáticos que venden todo excepto neumáticos. Hay tensión. Hay.



El viaje es infinito, como la Fe que nunca hemos profesado de una manera tan sucia y falsa. En una esquina emerge un dentista: si no era por la situación, sería una paradoja. Porqué haciendo una encuesta, el promedio de dientes per cápita no excedería la media docena. Procedemos y nunca llegamos. ¿En una hora, será posible? ¿Pero no había otra manera? Sí, el valiente y sabio Gus y por medio de la autopista nos salvarán en el camino de regreso. Ahora parece mejor.



Aquí está. Hay una plaza. Por el amor de Dios que nos pare aquí. Una feria casi civil, una justicia mucho más que deseada. Las familias acampadas de tipo picnic en un terreno. En frente el lugar adonde se retiran las acreditaciones. "Está ahí". "Pero como está allí, es una casa". "Exactamente, está ahí". De una ventanilla nos pasan dos papeles: el nombre del periódico y el de la radio están equivocados. Cero de dos, no está mal como estadística. Dirección de la cancha. Y, por supuesto, con prisa, incluso si faltan dos horas y media para el comienzo del partido. Ahora ya no estamos tan rígidos como un bacalao, con miradas inmóviles, alteradas solo por los golpes continuos producto de los enormes cráteres en la calle. De repente, las puertas del auto se cierran desde adentro. ¿Por qué? Hay un espacio de aire de nueve mil metros. Por eso que el uberista ya no decía: "No pasa nada". Nos trajo al destino, la puta que lo parió. Sí, pensamos que todo había terminado. Era la última llamada a casa como en United 93.


Adelante, adelante, faltan 12 cuadras más. Cuanto más procedemos, más recitamos el Atto di Dolore. Aquí están las puertas de Hades cuando, alrededor del estadio, un chico sale en frente a las balaustradas de la cancha y nos dice: "Los dejos aquí. El camino está cerrado a los autos”. Raramente me he sentido más observado y fuera de tiempo y fuera de lugar en toda mi puta vida. Grupos de filibusteros. Arco y flechas. Aquí estamos. En Argentina se dice “Estamos al horno”. En Roma se dice: ”semo der gatto". Dale. No será simple olvidarse de esos largos e interminables segundos de silencio antes de responder con un susurro: “Acà nos violan, amigazo. Intenta preguntar si podemos pasar con la excusa de que somos de la prensa. Y rápidamente, gracias". No tan convencidos, los de la policia nos miran pero al final abren una brecha. Pasamos Y llegamos. Creo que para mi la experiencia con la Provincia fue bastante heavy. Y de todos modos, hay que hacerlo. La olvidada Buenos Aires de la degradación está servida, así se llega a la cancha de Defensa y Justicia.

Allá adentro, “solamente" pasión inmoderada, junto con epítetos racistas muy ásperos e insultos para el pobre Buffarini, que fue objeto de puteadas de todo tipo.



PD Documentar el viaje fue imposible. Sacar fotos o filmar fue adecuadamente no recomendado. Tienes que confiar.


Dario Bersani

Creado por IDentity Argentina

  • Icono social Instagram
  • Facebook icono social
  • Icono social Twitter
  • Icono social de YouTube