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Boca-River: La Rivalidad. 'La historia en juego'


Por Ignacio Rodríguez

@nachorodok



El origen

20 de noviembre de 2014.

Semifinal de ida de la Copa Sudamericana, en la Bombonera.

0 a 0.

Esa es la piedra fundacional, el origen de este universo paralelo de enfrentamientos mano a mano, donde Boca Juniors dio pelea y se mostró competitivo, pero en el cual River Plate parece imbatible.

Esa noche River salió a marcar la cancha. Dejó en evidencia que esta vez no iba a ser como las anteriores (eliminación a manos de Boca en el año 2000 y 2004). A esa fecha le siguió la vuelta de la Sudamericana. En un partido parejo, Boca tuvo un penal a favor que no pudo convertir, mientras que Pisculichi le dio la ventaja al equipo de Gallardo. 1 a 0, el pase a la final, y la posterior obtención de esa copa por parte de River.



La consolidación

Las reglas de la Copa Libertadores 2015 hicieron que Boca, el mejor equipo de la fase de grupos, se enfrente al que menos puntos sacó, es decir River. Se presentaba un duelo de octavos de final con una carga emocional superior a lo que podría ser cualquier partido de una instancia que, a pesar de ser eliminatoria, no suele presentar equipos de un antagonismo tan profundo. El partido de ida en el Monumental se lo llevó River, 1 a 0. La vuelta en la Bombonera hacía pensar en un partido que podía ser histórico: la remontada de los jugadores, la revancha de la reciente eliminatoria copera. Pero el primer tiempo terminó con empate en cero. El fatídico episodio del Panadero, donde un pequeño grupo de hinchas locales arrojó gas pimienta en el túnel de salida a la cancha, lastimando a los jugadores de River, no permitió que se disputase el segundo tiempo. La historia no es lo que pudo haber sido, sino lo que fue. La interpretación del reglamento descalificó a Boca de la Copa por los incidentes dentro de su estadio, y el pase a cuartos de final quedó a manos de River. La decisión constituyó un trago muy amargo para los hinchas, fundamentalmente de Boca, quienes veían a River otra vez eliminando a su club de un torneo internacional, pero esta vez con el partido jugado por la mitad.



River, que había clasificado milagrosamente a octavos de final, terminó campeón de Copa Libertadores. En la memoria colectiva futbolera de los dos equipos más grandes de Argentina se escribía una etapa inédita. Porque no solo fue la lluvia en esa noche de la final en el Monumental lo que le daba al festejo un sello de leyenda. Era haber dejado a Boca, una vez más en pocos meses, en el camino.

Las bromas ahora incluían referencias a cruces internacionales, donde River exhibía chapa de campeón y en los cuales Boca retrucaba con la clásica evocación de “te fuiste a la B”. El episodio del gas pimienta se convirtió en un punto de inflexión: para River, la agresión a sus jugadores representó un hecho cobarde que impidió consagrarse en cancha visitante, mientras que para Boca la cobardía se cristalizó en el rival, al no querer continuar el segundo tiempo, en otra circunstancia.


Y en Mendoza también

La Supercopa Argentina en Mendoza, en mayo de 2018, agregó un capítulo más. No era una final internacional sino doméstica, pero que se anunciaba con entusiasmo ya que la única final que los había tenido de protagonistas, desde la creación de ambos clubes, había sido el campeonato largo de 1976, ganado por Boca. La Supercopa Argentina reunía al ganador de la liga local y el vencedor de la Copa Argentina. El Nacional 76 y la Supercopa no tenían el mismo peso específico. Pero no dejaba de ser una chance contra el máximo rival, donde Boca podía empezar a revertir la historia reciente y tomar envión para encarar un objetivo internacional. Sin embargo, luego de un primer tiempo en el que Boca fue superior pero no convirtió, River, ya en la segunda parte y dando muestras de buen juego asociado, se ocupaba de prolongar la felicidad eterna: 2 a 0.



Escalera al cielo (de Madrid)

La Copa Libertadores 2018 llevó la imaginación hasta límites insospechados. Luego de eliminar a adversarios brasileños de peso como Gremio y Palmeiras, dos clubes con la rivalidad histórica como Boca y River protagonizaban la final de la máxima competencia sudamericana. No había antecedentes de algo así en el fútbol sudamericano, convirtiendo a todos los futboleros en  testigos premium de la mejor final en la historia del continente. Un lujo que ni la Champions había sentido: el derby Barcelona vs Real Madrid tuvo lugar en semifinales (2011), y las finales de Juventus vs Milan (2003), o Atlético de Madrid vs Real Madrid (2014 y 2016) no alcanzan a dar cuenta de la dimensión de un Boca vs River.

Se instaló desde la prensa, y en gran parte de la sociedad futbolera, la imagen del cielo y el infierno. La última bala que tendría Boca para lavar su imagen de perdedor a manos de River. Para unos, la gloria eterna. Para otros, el ostracismo, el olvido, y la gastada sin fin. Estas posiciones resultaron exageradas y no aportaron al análisis serio acerca de objetivos y realidades.

El partido de ida, en cancha de Boca, no pudo jugarse en tiempo y forma por una lluvia descomunal que inundó Buenos Aires y aumentó la ansiedad y la tensión. La incertidumbre se despejó por la tarde: la primera final pasaría al día siguiente, domingo 11 de noviembre.

El primer partido finalizó 2 a 2, donde Boca estuvo dos veces arriba del marcador y no lo supo cuidar. De hecho, River convirtió el 1 a 1 sacando del medio, luego de recibir su gol. Insólito. Sobre el final, Armani le tapó una pelota a Benedetto que podría haber cambiado la historia, solo y mano a mano. La sensación era que la vuelta estaba abierta.



El segundo encuentro estaba pautado para el 24 de noviembre. Pero al llegar al Monumental el micro de Boca sufrió la agresión por parte de hinchas de River que arrojaron piedras. Los jugadores visitantes, lastimados, reclamaron no continuar el partido ese día, no aceptaban verse obligados a jugar en esas condiciones. Con la presencia, y la presión, de la Conmebol, se decidió, después de largas horas de incertidumbre, que el partido quedaba suspendido y se pasaría para el otro día, el domingo 25. Se dilataba, de esta manera, la definición del torneo. Como en 2015, el eje de la suspensión giraba en torno a una agresión de hinchas locales a jugadores visitantes. Aunque, en este caso, la interpretación de la Conmebol sería distinta, y el partido se terminaría jugando.



El domingo 25 de noviembre, al mediodía, se suspendió de forma temporal la final en el Monumental. Las presiones de los clubes, las exigencias de la entidad organizadora, las agresiones, formaban un cóctel que llevó a la Conmebol a intervenir y mudar, unos días más tarde y con miles de idas y vueltas, la sede de la tan esperada Libertadores. La última final a doble partido sería en Madrid, capital de España, en diciembre, lejos del cielo y las pasiones latinoamericanas.

Y sería, una vez más, River quien abrazara la Libertadores. 3 a 1 en el tiempo suplementario, imponiéndose nuevamente desde el aspecto futbolístico y mental frente a un Boca que lo dio todo, pero que no fue suficiente. La gloria eterna quedó inmortalizada en la corrida del Pity Martínez, solo, como en un potrero, para clavar el puñal definitivo y así decretar una serie que había empezado a jugarse varios meses antes, ante la cercana posibilidad en semifinales de un desenlace como el que se presenciaba.



No están en la consideración central los encuentros por la liga doméstica porque su condición de clásico local hace que no resulten tan decisivos como los otros. La línea de tiempo trazada considera el carácter eliminatorio y definitivo como una instancia de exigencia superior, donde River se impuso sobre Boca en recientes y reiteradas oportunidades.


Todo sigue igual

“Te matamos en Madrid” cantan hinchas y aficionados millonarios, con la sentencia de que Boca murió en la Superfinal de 2018. “Morir es perder la categoría, no un partido” responden del lado xeneize.

Despegarse un poco y correr el velo del juego de las burlas nos hará observar que River descendió y volvió a la cima del mundo en pocos años, frente a la cara de su máximo adversario. Y que Boca llegó a instancias decisivas, con la mala fortuna de ser contemporáneo a un rival que resultó superior. Si los dos tuvieron chances es porque ambos, con fórmulas distintas, formaron equipos fuertes y competitivos.

La temporada que está en curso tiene en semifinales de la Libertadores 2019 a dos gigantes protagonistas del fútbol sudamericano. River y Boca, jugaron la ida en el Monumental el pasado 1° de octubre, en la cual River se impuso por 2 a 0, en un partido en el que fue superior, y donde le cobraron un penal a favor a instancias del VAR, la tecnología de revisión de jugadas. El rendimiento de Boca, sobre todo en la segunda parte, fue pobre, demasiado retrasado en su campo y con pocas armas para lastimar a River.



La historia contemporánea del superclásico acumula múltiples capas de sucesos de fuerte intensidad en poco tiempo: eliminaciones directas, goces eternos, reivindicaciones, frustraciones y amarguras. Pero en este universo paralelo en el que se metieron los dos clubes hace cinco años, las capas se fueron superponiendo, unas sobre otras, con más decepciones que alegrías por el costado xeneize.

El camino de redención del paso de River por la segunda división ya dispone de tres eliminaciones a Boca en cruces decisivos y la obtención de dichos torneos. Boca, por su parte, no puede cumplir la promesa de su presidente Angelici, realizada años atrás, de “Renovar el pasaporte”. Quedar cerca de la cima de América no representa una decepción tan grande como el hecho de que sea River quien usurpe el mando internacional del imaginario simbólico bostero, donde “la Copa Libertadores es mi obsesión”.

Le queda al equipo de Alfaro una oportunidad para saldar parte de su maldita suerte reciente, para enriquecer su historia con una noche épica. Para ello deberá ser audaz y astuto para manejar la ansiedad de una Bombonera que será el jugador número 12, y latirá como nunca.

River continúa escribiendo su historia. El equipo competitivo y confiable que lidera Gallardo está a un paso de jugar una nueva final continental, la tercera en cinco años. Y nuevamente se le presenta Boca en el camino, para acrecentar su leyenda.

El martes 22 seremos testigos, una vez más, de un nuevo capítulo de la historia.

La moneda está en el aire.

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