Cronicas de un tachero futbolero: Amor, Arte y Peligro (21 de Mayo 2016)

La historia de la pasión del fútbol argentino tiene varios matices que lo diferencian y lo convierten en una atracción mundial para cualquier hincha de cualquier nacionalidad. Si, son los hinchas los que le dan el marco al fútbol. Alentando, decorando cada estadio con trapos, banderas, telones. Calor, ruido, transpiración. Dentro de ese submundo, como pintura que destaca entre tantos, el hincha fanático, indudablemente, es el que deja las historias más pintorescas para relatar. Para darle vida a esas experiencias extremas.

Estos dementes conjugan una mezcla de inconciencia, audacia y coraje. Los actos donde ellos son protagonistas que con el tiempo se transforman en anécdotas, en el momento en vivo son peligrosas.


Amor, Arte y Peligro (21 de Mayo 2016)

Me para un pasajero en el barrio de Caballito, un muchacho de unos treinta y pico de años, sobre avenida Avellaneda, que no por casualidad es parte de la historia. Llevaba dos latas de pintura, una celeste y otra blanca, también unos pinceles. “Me llevás hasta el cilindro de avellaneda capo, que juega la Acadé”. Obvio, le dije. Siempre dispuesto a un viaje con charla futbolera asegurada. “Pinto paredes, hago murales, letras”, me contestó cuando le pregunté por la obviedad.

Me generó curiosidad un hincha que se dirige a la cancha con dos latas de pinturas y pinceles. “Soy socio de Racing y hoy se despide del fútbol Diego (Milito, ídolo de la acadé). Por intermedio de la gente de cultura del club propuse pintar con cal blanca la cara de Diego en el círculo central para el partido de hoy. Pero no prosperó la idea”. A medida que nos acercábamos a la ciudad de Avellaneda, la ansiedad del chabón crecía considerablemente. “Que vas a hace con la pintura?”, le pregunté. “Voy a pintar la cara de Milito en el muro de la cancha de Independiente y de pique me voy a la cancha a ver a Racing “ (el clásico de avellaneda, dos estadios para 50 mil personas separados por 200 metros. Solo en Argentina, pienso.)

Si te querés quedar a ver no tengo problemas, de última si aparecen hinchas del Rojo salimos corriendo en el taxi, voy  a tardar 50 minutos”, me esbozó con tono entre ansioso y nervioso, tal vez por el grado de conciencia del acto en sí, a medida que se acercaba el momento de concretar el hecho. Prácticamente una actitud muy provocadora teniendo en cuenta los códigos que se manejan por estas tierras.



Estacioné sobre la calle lateral del estadio del Rojo. Me pagó, se bajó del taxi y saludó a un amigo/cómplice de esta aventura muy arriesgada. Yo seguía pensando en la locura de este cristiano y lo mal que la podía pasar si se acercaba algún hincha de Independiente por la zona. “No pasa nada papá, los “Amargos” juegan de visitante y no va a pasar nadie”... afirmó convencido de su estrategia mientras besaba directamente un vino Ruttini que ofició de compañía durante la aventura de Arte.


La verdad que yo estaba más preocupado que el protagonista de esta historia por la aparición de “un solo hincha rival” que hubiese oficiado de alarma general y batalla campal asegurada. Y cruzó la calle, desplegó su arte en 50 minutos eternos, parda darle vida a la pintura del ídolo estampada por asalto en el muro del eterno rival, que no es algo que se ve todos los días. Hasta imposible, diría.  Descartó las latas, los pinceles, se lavó las manos y se fue a ver a su Racing, con el corazón a mil, seguramente, después de semejante impulso que conjuga amor, locura, peligro y folclore de futbol extremo, para mi gusto.

Me tomé un café en un bar cercano, a la vuelta a la ciudad decidí pasar otra vez por la obra de arte plasmada para entender no se qué…. 40 minutos habían pasado. Ya la habían tapado con pintura roja.


Gustavo Hernàn Teruel


Creado por IDentity Argentina

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