Cronicas de un tachero futbolero: el paseo en la 1.11.14

Por distintas eventualidades, cada tanto sale un viaje para un lugar no frecuente en el itinerario de los viajes cotidianos del taxista. En el centro porteño se concentra la mayor actividad tanto laboral, como cultural. El extranjero se instala generalmente por esa zona de la city porteña y desde ahí recorre lo que desea conocer.

En cercanías al emblemático Obelisco de Av. 9 de Julio y Av. Corrientes, me para un tipo.

Alto, flaco, rubio, gringo, camiseta de Boca, gorro de Boca, pulseras de Boca.

Buongiorno mano, andiamo a la cancha de club atlético sin barrio”, me esbozó entre una pícara sonrisa y mezcla de un vocabulario Argentano clarísimo de comprender.

Cómo no amigo, vamos a la cancha de San Lorenzo, a la Villa 1.11.14? Sábes dónde te metes, no? " Le advertí de buena onda.“Si claramente mano, tengo que hacer nota con el utilero del club”.



A medida que avanzaba el viaje, este alto personaje me fue desmenuzando su currículum: Periodista deportivo importante de Italia, que estaba acá para seguir el día a día de Daniele De Rossi en Boca Junior, por el cual se generó una fiebre tifosi ítalo/romana que invadió La Boca. Que conocía muchos países y que cubrió el mundial de Rusia para su periódico. Que era amigo de muchos jugadores “grosos” de Boca y que tenía más de mil anécdotas una más lindas que la otra para contar.

Que le gustaban las experiencias “borders” de recorrer lugares con entornos “picantes”, habida cuenta que esas vivencias no se consiguen en Europa.

Digamos, un demente. Lo que él no sabía era que se estaba por llevar la experiencia más extrema de ese viaje como recuerdo para su colección.

La Villa 1-11-14 es una villa de emergencia de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, ubicada en la zona sur del barrio de Flores, en un área denominada como Bajo Flores.


Se encuentra en frente del estadio Pedro Bidegain, perteneciente al Club Atlético San Lorenzo de Almagro Y del Estadio Guillermo Laza perteneciente al Club Deportivo Riestra.

Es la villa de emergencia más grande en cuanto a territorio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y una de las mayores en cuanto a población, contándose más de 25 mil habitantes a 2014.


Ya en cercanías del estadio de San Lorenzo, y observando asorado el contexto socio/cultural/geográfico del lugar, el semblante jocoso del italiano cambió por completo. La sonrisa se le borró de la cara y un gesto adusto y hasta de miedo invadió su expresión.

Mano qué es ésto por dios… es peor que Kosovo. Qué pasa acá si se queda el auto?

Cosa de Mandinga, como si esa pregunta fuera un pase de magia, el auto comenzó a fallar. Justo en el corazón del asentamiento. Donde atraviesa una avenida principal, que se mete como daga en las entrañas de la gigante 1.11.14.

El calor no ayudaba a la situación. Pero gracias que era de día aún. El auto se detuvo. No arrancaba. No había manera de hacerle entender al tano que la grúa no llegaría. Había que empujar.


Ciento cincuenta metros por medio de la 1.11.14 empujando “el cazzo de mierda da Fiat” –según el tano- que tengo como humilde herramienta de trabajo. Todo el tiempo intentaba calmarlo. “tano, quédate tranquilo que de día no pasa nada. Además allá está el puesto de Gendarmería que cuida la seguridad acá”. Yo sólo pensaba en llegar al puesto de seguridad y no transmitirle más miedo a este pobre hombre que hasta ayer no sabía siquiera que era una Villa.


Los Gendarmes, estoicos y grandotes como Rolo Schiavi, con rifles colgando de sus hombros, nos vieron llegar empujando “el cazzo de mierda da Fiat”. Un espacio disponible en la acera nos estaba esperando. Como mandado por “el Papa Francisco”, reconocido hincha del “Ciclón”.

El Tano se subió al coche, cerró la puerta y levantó la ventanilla a pesar de los 35° de calor. Quedó tieso sentado en el asiento. Subí del lado del volante y al verlo en ese estado entre nervios, miedo y sudor lo intenté tranquilizar. No había manera. Le doy arranque al auto. Arranca. Pero ni bien salgo del lugar de aparco los mismos Gendarmes que vieron toda esa situación extraña, de dos tipos empujando un taxi en la villa, que estacionan frente al puesto de vigilancia, se suben al auto, arrancan y se van, nos detienen. Debo reconocer que la situación fue medio sospechosa.


Deténganse, estacionen, bajen ambos y muestren los documentos del auto”, se escuchó firme la voz de un Gendarme que medía 2.47 cm.

Lo que paso después fue una tragicomedia. El tano intentando explicarle a uno de los gendarmes quien era él, mientras los nervios lo traicionaban y no podía mostrar sus fotos con celebridades deportivas de su celular. “Que mierda pasa con este celular que no prende!!”.

Me tocó a mí la parte más comprometida de hacerles entender por qué un taxista con un turista en la villa no estaban comprando drogas, ni yo estaba secuestrando al tano.

En un rapto de meditación zen logro explicarles. Me creen. El tano logra abrir el celular y muestra sus fotos en medios, tv, con famosos, notas, etc que avalan su versión.

Los gendarmes en “modo más humano” ya se preocupaban más por el estado de nervios y sudor del tano que por su tarea de control vehicular.

Comprale algo para tomar al tano que se va a desmayar”, me dijo uno de ellos.

Mirá, comprale a ese que está ahí”, me dijo. Un peruano, reposaba bajo el rayo del sol, más traspirado que el tano con dos heladeras de tergopol.

Me acerco, lo miro al tano. “Qué queres tomar?”. “Un agua con gas está bien mano, grazie

Dame un agua con gas le digo al peruano. No tengo. Bueno, sin gas. No tengo. Bueno, gaseosa. No tengo. Y que vendes? Agua hervida del Perú.!

Tano querés Agua hervida del Perú? Los epítetos que dedicó el tano a mi persona no me alcanzaría una nota entera para enumeralos.

Acaso no le gustaban las experiencias extremas???. Creo que esta va a algún libro de ciencia ficción.


Gustavo Hernàn Teruel

Creado por IDentity Argentina

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